La irrupción de internet y de las nuevas tecnologías en la escena internacional ha revolucionado el trabajo de los decididores y de los diplomáticos. Cuál ha sido su impacto: ¿mayor libertad, mayor reactividad o cuestionamiento fundamental de las reglas, con el riesgo de provocar peligrosos deslices? Sin lugar a dudas, los tres a la vez. Las revoluciones se preparan actualmente en las redes sociales y los blogeros se han convertido en los nuevos líderes de opinión. Ahora bien, internet ha generado nuevas vulnerabilidades que obligan a los Estados a revisar sus estrategias de defensa. Para hacer frente a la multiplicación de los ciberataques, es preciso elaborar respuestas inmediatas y coordinadas para localizar a los atacantes y circunscribir la propagación de la agresión. De manera general, para luchar contra la proliferación de actores malintencionados en la red, algunos Estados preconizan la adopción de una normativa destinada a canalizar y a regular las redes. Pero, ¿cómo regular sin obstaculizar la libre circulación de las ideas y de la innovación? He ahí el dilema...